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Revisión de datos sobre desperdicio alimentario en la UE

En entradas previas se han hecho comparativas de los datos disponibles sobre la generación de “food waste” en Europa y en España. En esta entrada se pretende resumir y comentar el análisis realizado en una reciente revisión de este tipo de datos en el marco de los estados miembros de la UE. Se trata de un Informe Técnico del Joint Research Center de la Comisión Europea, cuya referencia es la siguiente:

Caldeira, C., De Laurentiis, V., Cobalea, H.B., Sala, S., Review of studies on food waste accounting at Member State level, EUR 29828 EN ; Luxembourg (Luxembourg): Publications Office of the European Union, 2019, ISBN 978-92-76-09512-5, doi:10.2760/340637, JRC117458

Los autores de este trabajo identificaron 294 trabajos publicados, y seleccionaron alrededor de 50 de ellos para hacer un análisis detallado. En la selección se consideró que cada país miembro de la UE contara al menos con un estudio, que los estudios fueran lo más actuales posible, preferiblemente desde 2015, y que evaluaran toda la cadena alimentaria (no fue posible en todos los países miembros).

El informe técnico es un resumen de un trabajo más extenso en el que se analizan 19 parámetros de los distintos estudios. El informe técnico se centra en los siguientes aspectos:

  • Qué definiciones de desperdicio de alimentos se utilizan.
  • El alcance y límites de los estudios. Geográficos, temporales, y los referidos al eslabón o eslabones de la cadena alimentaria evaluados.
  • Los métodos de medición empleados.
  • Los datos recogidos sobre la cantidad de desperdicio y su destino final.
  • La aportación de indicadores adicionales, por ejemplo de carácter económico y ambiental.
  • Deficiencias encontradas por los propios autores de los estudios y mejoras futuras.

El informe constata que hay una gran variabilidad de unos estudios a otros en muchos de los aspectos señalados previamente. Por ejemplo, en lo que se refiere a las definiciones solo una parte de los estudios emplea alguna definición concreta y definida previamente. Las definiciones más empleadas son las de FUSIONS (2016) y las de la FAO (2011), pero una gran parte de los estudios emplean una definición propia que se puede acercar o no a alguna de estas definiciones.

Número de estudios en los que se recogen o no distintos tipos de definiciones de “food waste”. Elaborado a partir de la información recogida en el documento “Review of studies on food waste accounting at Member State level” ISBN 978-92-76-09512-5, doi:10.2760/340637

El documento hace un análisis de qué segmentos de la cadena alimentaria son evaluados en los distintos estudios, e identifica qué estudios hacen un análisis metodológicamente consistente.  En la figura siguiente se representa la distribución de estos estudios en base a los distintos eslabones de la cadena. Se constata que el segmento en el que se recoge un número más elevado de estudios es el de los hogares (1/3 del total), seguido del sector de la restauración y servicios de comida. Conjuntamente los dos segmentos del consumo de alimentos recogen más del 50 % de los estudios “consistentes” identificados en la revisión. Los segmentos en los que el número de datos es menor son los proveedores de alimentos: la producción primaria y el sector industrial.

Distribución de los estudios en función de los eslabones de la cadena alimentaria evaluados en los mismos (número de estudios, % con respecto al total). Elaborado a partir de la información recogida en la tabla 4 del documento “Review of studies on food waste accounting at Member State level” ISBN 978-92-76-09512-5, doi:10.2760/340637

Un aspecto trascendental en la fiabilidad de los datos es la metodología aplicada. Los métodos aplicados en los distintos estudios analizados en la revisión son en su mayor parte los descritos en  Xue et al (2017). Missing Food, Missing Data? A Critical Review of Global Food Losses and Food Waste Data, artículo al que ya se dedicó una entrada previa. Estos métodos están en su mayor parte también recogidos en la normativa europea, en la Decisión Delegada (UE) 2019/1597 (ver entrada previa). En la figura siguiente se puede apreciar qué métodos fueron los más habitualmente aplicados en los estudios analizados en la revisión:

Distribución de los métodos de medición de “food waste” en los estudios analizados (número de estudios, % con respecto al total). Elaborado a partir de la información recogida en el documento “Review of studies on food waste accounting at Member State level” ISBN 978-92-76-09512-5, doi:10.2760/340637.

En muchos estudios se empleó una combinación de métodos. El método directo más utilizado fue el de las encuestas, principalmente para medir el desperdicio de alimentos en el hogar. En el documento se repite varias veces que el uso exclusivo de encuestas puede dar lugar a resultados poco válidos, en el sentido de subestimar la cantidad real de residuos alimentarios y desperdicio alimentario. En el ámbito domiciliario parece muy conveniente emplear encuestas, combinadas con diarios y con análisis de composición de residuos. Este último es un método más preciso que los anteriores aunque no contabilizará los vertidos líquidos (alcantarillado) ni los residuos domésticos llevados a compostaje doméstico. Dentro de los métodos directos también tuvieron cierto uso el pesaje y los registros, estos últimos sobre todo en el sector de la distribución alimentaria.  Entre los métodos indirectos, los más utilizados fueron los datos bibliográficos y los datos indirectos que, junto a las encuestas, fueron los métodos más habituales en los estudios que abordan los sectores de producción primaria e industria alimentaria. Se constata una falta muy acusada de estudios con mediciones precisas y directas en estos sectores.

Visto todo esto, se hace evidente que es muy difícil establecer comparaciones fiables entre los datos recogidos en los distintos estudios. No obstante en la revisión se presentan los datos globales más relevantes de todos ellos, y se someten a una operación de normalización para expresarlos en unidades semejantes (kg de “food waste” per capita en los segmentos de la distribución alimentaria, de la restauración y servicios de comida, y de los hogares;  kg de “food waste” por tonelada producida en los segmentos de la producción primaria y de la industria alimentaria). Estos datos se han utilizado en esta entrada para preparar los gráficos siguientes:

Gráficos de caja y bigotes realizados a partir de los datos recogidos en la tabla 8 (Food waste amounts normalised) del documento   “Review of studies on food waste accounting at Member State level” ISBN 978-92-76-09512-5, Aclaración: la parte rectangular de cada figura se extiende desde el cuartil inferior hasta el cuartil superior, cubriendo la mitad central de la muestra.  La línea vertical dentro de la caja indica la localización de la mediana de la muestra.  El signo más en el centro de la caja indica la localización de la media muestral.  Los bigotes se extienden desde la caja hasta los valores mínimo y máximo.

Para la elaboración de los gráficos se han retirado algunos datos que aparecen en el documento, por ser mucho más elevados que el resto. Se trata de un valor de 312 kg por t producida en producción primaria (correspondiente a un estudio de Italia), y a dos valores de 66 y 101 kg por t producida en industria alimentaria (correspondientes a estudios de Hungría y Bélgica, respectivamente). Excluidos estos datos, el resumen estadístico de los datos representados en los gráficos se presenta en esta tabla:

Tabla con resumen estadístico de los datos representados en los gráficos anteriores. Elaborada a partir de la información recogida en el documento “Review of studies on food waste accounting at Member State level” ISBN 978-92-76-09512-5, doi:10.2760/340637.

Los coeficientes de variación son en general muy elevados, lo que denota la gran variabilidad de los resultados obtenidos en los distintos estudios. Si atendemos a las dos primeras etapas de la cadena alimentaria, los segmentos “productores de los alimentos”, se ve que en término medio el desperdicio del sector primario duplicaría al del sector secundario. En el documento, se señala que prácticamente no existen estudios que midan directamente la cantidad de productos que quedan en el campo sin cosechar, por lo que no es posible determinar en qué medida los datos recogidos en los estudios subestiman o sobrestiman los valores reales de desperdicio. Por ejemplo, el valor más bajo registrado (3 kg por t producida) se obtuvo a partir de datos estadísticos, que a su vez asumían un determinado porcentaje de residuos alimentarios procedentes de producción primaria difícilmente validable. En el documento se señala que existe una falta de datos públicos sobre la generación de residuos alimentarios en las empresas alimentarias, a veces debido a una falta de preocupación o interés en el tema por parte de las empresas, y otras veces debido al celo puesto por las mismas en que los datos de que disponen se mantengan en su ámbito privado. Esto afecta no solo a las industrias sino también al sector de la distribución.

Si atendemos precisamente a este sector los datos reflejan que parece ser eslabón de la cadena alimentaria más eficiente, un hecho que se repite habitualmente en muchos estudios de este tipo, aunque convendría matizar que una cosa es el desperdicio generado directamente en un eslabón y otra cosa es el impacto que dicho eslabón puede tener sobre el desperdicio generado en otros eslabones de la cadena. No son pocas las voces (por ejemplo, Gascón y Montagut, 2014) que señalan que las estrategias empresariales del sector de la distribución, que en el ámbito la mayor parte de los países de la UE es el más dominante en la cadena alimentaria, tienen un impacto determinante en el desperdicio alimentario producido en los eslabones posteriores (hogares) y sobre todo anteriores (producción primaria en particular).

En los gráficos y en la tabla anteriores se constata también el hecho siempre repetido de que el desperdicio se concentra en las etapas de consumo, sobre todo en  los hogares donde el desperdicio promedio se eleva a 55,5 kg por persona y año.  Hay países con varios estudios que dan cifras consistentes (76 a 90 kg en Dinamarca, 33 y 35 kg en Slovenia, 27 kg en dos estudios hechos en España). Hay otros casos en los que en un mismo país se obtienen cifras muy distintas, como en Bélgica (73 y 37 kg) o en Holanda (62, 42 y 21 kg). Las diferencias tienen que ver el concepto de desperdicio alimentario empleado, con que se incluya o no las partes no comestibles en la cuantificación y/o con los métodos de medición aplicados.

Los datos de España se corresponden con los obtenidos en el MAPA a través del Panel de Cuantificación del Desperdicio Alimentario en los Hogares Españoles, a los que se ha hecho referencia en alguna entrada previa. Como se puede comprobar estos datos se sitúan en la parte baja del rango de valores obtenidos a nivel europeo. Puede ser cierto que en España haya un menor desperdicio de alimentos en los hogares que en otros países miembros, aunque probablemente también haya que tener en consideración que los métodos empleados para la obtención de estos datos son encuestas y diarios, métodos que, como distintos estudios demuestran, pueden dar lugar a subestimaciones de los niveles reales de desperdicio.

En lo que respecta a la identificación de los destinos a los que van a parar los residuos alimentarios, el documento señala que son pocos los estudios que evalúan con claridad este aspecto. También indican que los destinos que más frecuentemente se observan son la alimentación animal, el compostaje y la digestión anaerobia. También se citan la producción de alcohol a partir de residuos hortícolas en Italia y Holanda, o el compostaje doméstico y la alimentación de mascotas en Hungría y Flandes. En relación a la alimentación animal, el documento recuerda que en rigor estos materiales no deberían contabilizarse como “food waste”, de acuerdo a lo indicado en la Decisión Delegada (UE) 2019/1597.

En definitiva, el documento constituye una revisión y análisis muy interesantes y pormenorizados sobre los datos relativos a “food waste” existentes a nivel de los estados miembros de la UE.

El documento concluye con que son escasos los estudios que consideren el desperdicio de alimentos en los Estados miembros, en toda la cadena de suministro de alimentos, y que muy pocos refieren el uso de las pautas de cuantificación descritas en el Manual FUSIONS o en el Estándar PDA. Se señala la necesidad de que los Estados mejores sus sistemas de cuantificación, que los mismos sean coherentes con las referencias señaladas, y que empleen la definición de “food waste” considerada en la Decisión Delegada, que a su vez está en línea con la definición FUSIONS y es también coherente con el Estándar PDA. Un aspecto de la definición importante es que incluye tanto la partes comestibles como las no comestibles.

Como ya se ha señalado antes, en el informe se insiste en que la comparación de las cantidades obtenidas en los estudios es muy limitada, debido al uso de diferentes definiciones, límites del sistema analizado, y métodos de medición. Señala que el uso mayoritario de encuestas como método directo y de fuentes bibliográficas y datos indirectos no es el más adecuado para obtener una imagen completa y precisa de la generación de residuos/desperdicio alimentario. Se hace necesario combinar enfoques cualitativos (a través de encuestas por ejemplo) con enfoques cuantitativos a través de la aplicación de métodos de medición directa más precisos como el pesaje o el análisis de composición de residuos.  Además indican que, como se requiere en el artículo 4 de la decisión delegada, es muy importante garantizar la fiabilidad y precisión de las mediciones, la representatividad de las muestras utilizadas, y aportar un análisis reflexivo sobre las variaciones observadas en los datos y los factores sociodemográficos que puedan influir en los resultados.

El documento finaliza señalando que se debe avanzar más hacia una estandarización de la metodología de cuantificación aplicada, para que los estados miembros de la UE aporten datos sobre desperdicio alimentario fiables y comparables. Y que de esta forma se pueda desarrollar una estrategia más acertada y evaluable de cara a la consecución de la meta 12.3 de los Objetivos de Desarrollo Sostenible.

FAO: nuevas definiciones e índices de pérdida y de desperdicio de alimentos

Hay en este blog varias entradas que analizan y comparan las principales definiciones y marcos conceptuales sobre pérdidas y desperdicio de alimentos (PDA), residuos alimentarios, subproductos, etc., que han surgido de distintas organizaciones o instituciones, principalmente la FAO y la UE.

En el reciente documento de la  “El estado mundial de la agricultura y la alimentación. Progresos en la lucha contra la pérdida y el desperdicio de alimentos” (FAO 2019), y en el propio sitio web de la FAO dedicado a las PDA, se puede comprobar que ha habido cambios sustanciales en los conceptos de pérdida y de desperdicio de alimentos.

En la siguiente figura extraída de dicho documento se puede visualizar el nuevo marco.Los cambios más relevantes tienen que ver con dos cuestiones importantes:

(1) Hasta hace poco (FAO,2014), todas las PDA se consideraban pérdidas. El desperdicio  formaba parte de las pérdidas de alimentos, aunque se mantenía el término debido a que había arraigado en todos los ámbitos (político, académico, etc.). Ahora, como en sus orígenes, la FAO vuelve a separar los dos conceptos, atendiendo a la parte de la cadena alimentaria considerada. Así, la FAO dice ahora que:

  • La pérdida de alimentos es la disminución de la cantidad o calidad de los alimentos como
    consecuencia de las decisiones y acciones de los proveedores de alimentos en la cadena, sin incluir la venta al por menor, los proveedores de servicios alimentarios y los consumidores.
  • El desperdicio de alimentos es la disminución de la cantidad o calidad de los alimentos como resultado de las decisiones y acciones de los minoristas, los servicios alimentarios y los consumidores.

Esta distinción armoniza mucho mejor con la meta 12.3 de los Objetivos de Desarrollo Sostenible de la Agenda 2030 de Naciones Unidas:

(2) Por otra parte, en las definiciones anteriores de PDA de la FAO no se tenía en consideración el destino de las mismas. Todos los materiales (solo las partes comestibles) que salían de la cadena alimentaria se consideraban pérdidas y desperdicio. Ahora no:

  • Ahora solo son pérdida o desperdicio aquellos materiales (solo las partes comestibles) que se destinan a ser gestionados como residuos en vertederos, incineración, plantas de compostaje, de biometanización, etc.
  • Ahora dejan de ser considerados pérdida o desperdicio todos aquellos materiales que tienen un uso económicamente productivo, fundamentalmente los que se redirigen a alimentar animales, y los que tienen un “uso industrial” en un sentido muy amplio de la palabra: biocombustibles, ingredientes alimentarios, cosméticos, bioplásticos, plumas para almuhadas, cueros, colágeno y gelatina de subproductos de origen animal, etc.

Esta novedad es muy importante porque deja fuera una cantidad cuantitativamente importante de materiales que antes la FAO contabilizaba como PDA. Y porque armoniza mucho mejor con otras definiciones, como las relativas a residuos alimentarios (food waste) establecidas en Europa a través del proyecto FUSIONS y la nueva directiva de residuos. En Europa estos materiales son considerados subproductos y quedan también fuera de la definición de residuo alimentario.

Donde sigue habiendo discrepancia entre las definiciones de la FAO y la de la UE es en el hecho de que en las primeras quedan fueran de la definición las partes no comestibles de los productos alimentarios, mientras que en la UE la definición de residuo contempla tanto las partes comestibles como las no comestibles.

No obstante, también esto hay que matizarlo. Porque la FAO, en su objetivo de evaluar el progreso en la consecución de la meta 12.3 ha establecido un indicador 12.3.1 sobre pérdidas y desperdicio mundiales de alimentos, dividido en dos índices de medida:

  • Subindicador 12.3.1a – Índice de Pérdidas de Alimentos (IPA) – Food Loss Index (FLI)
  • Subindicador 12.3.1.b – Índice de Desperdicio de Alimentos (IDA) – Food Waste Index (FWI)

Pues bien, en la cuantificación de estos índices sí se tienen en cuenta las partes no comestibles de los alimentos.

Otra diferencia entre el marco conceptual de, en este caso, el concepto de pérdida de alimentos y el índice correspondiente es su alcance. En IPA no cuantifica las pérdidas ocurridas durante la cosecha o el sacrificio, sino en las operaciones posteriores. No obstante, se señala que las primeras sí se pueden incluir en los estudios a escala nacional.

                                                                 ALCANCE DE LOS ÍNDICES IPA E IDA

Esto índices miden porcentajes. En este momento se encuentra más desarrollado metodológicamente el IPA que el IDA, para el cuál a día de hoy todavía no hay estimaciones publicadas.

El IPA mide qué porcentaje de los alimentos producidos se pierde desde después de la cosecha hasta la venta minorista (sin incluirla), y persigue observar tendencias tomando como periodo de referencia el año 2015. En este momento, las primeras estimaciones de la FAO dicen que en promedio a nivel mundial se perdió en 2016 un 14 % de los alimentos producidos, oscilando regionalmente entre un 5-6 % para Australia y Nueva Zelanda y un 20-21 % para Asia central y Asia meridional. El IPA para Europa y América septentrional rondaría el 15-16 %.

 

Pérdidas y desperdicio en España (nueva comparativa de datos)

Tras analizar en la entrada anterior estimaciones de pérdidas y desperdicio de alimentos en la UE, en esta entrada se hace lo mismo con datos disponibles sobre España.

La cantidad total de PDA/Residuos alimentarios estimada en estos tres estudios, en millones de toneladas, fue de 16,5 (Bräutigam et al. 2014), 13,5 (García-Herrero et al. 2018), y entre 5,9 y 7,7, en función del escenario elegido para Monier et al. (2010). Según los cálculos de García-Herrero et al., las PDA representarían el 20 % de la producción nacional de alimentos.

En la figura anterior aparecen las PDA y/o residuos alimentarios (kg por persona y año) estimados a lo largo de la cadena alimentaria en tres estudios: el muy conocido y citado de Monier et al. (2010), prácticamente la única referencia citada hasta hace poco cuando se trata de datos sobre PDA en España, el estudio de Bräutigam et al. (2014) que aplica la metodología del estudio de la FAO (2011) para distintos países de la UE-27; y el reciente estudio realizado por García-Herrero et al. (2018), en el que participan las universidades de Cantabria, Pompeu Fabra y Pontificia Católica de Perú.

El estudio de Monier et al. (2010) da una cifra global que, dependiendo del escenario elegido para el análisis, se sitúa entre 134 kg y 176 kg per capita (esta última cifra es la que aparece recogida en la página web de la estrategia “Más alimento, menos desperdicio” del MAPA. En este estudio no se tuvo en consideración la etapa de producción primaria.

En el otro extremo está el estudio de Bräutigam et al. (2014) que arroja un valor global elevadísimo (375 kg), el tercero más alto en la UE-27 tras Grecia y Países Bajos, y mucho mayor que el estimado en el mismo estudio como promedio para la UE-27 (289 kg). Este valor tan elevado se debe sobre todo a que asignan a la fase de producción primaria nada más y nada menos que 161 kg per capita (un 43 % de toda las PDA de España, como se ve en la siguiente figura). En el estudio de García-Herrero et al. (2018) este valor se reduce casi 100 kg, hasta 63 kg per capita (un 22 % del total). La principal fuente que utilizan para hacer esta estimación es un estudio publicado por el MAPAMA (2014) que sitúa las pérdidas y desperdicio de alimentos en la etapa de producción agrícola en un 26 % (considerando solo productos de origen vegetal).

En los otros eslabones de la cadena las diferencias entre los dos nuevos estudios son mucho menos importantes. Los datos relativos al consumo se detallan más en el gráfico siguiente, donde se aportan también datos de otros estudios sobre desperdicio de alimentos a nivel de hogar realizados por HISPACOOP (2013), por el Panel de cuantificación del desperdicio en los hogares (MAPA, 2018) y, en Cataluña, por la agencia de residuos de la comunidad y la Universidad Autónoma de Barcelona (ARC, 2012).

Los estudios de Bräutigam et al. (2014) y García-Herrero et al. (2018) dan pérdidas en consumo superiores a 110 kg per capita. Este último diferencia entre consumo en hogares (88 kg) y consumo fuera del hogar (24 kg). Estos valores son superiores a los señalados por la FAO (2011) para Europa (95 kg), y por Monier et al. (2010) para España (49 kg en hogares, 27 fuera del hogar). Pero lo que llama mucho la atención es que en los tres estudios sobre desperdicio de alimentos en los hogares realizados específicamente en España y Cataluña las cifras son mucho menores, situándose entre 20 kg (ARC, 2012) y 32 kg (HISPACOOP 2013).

Las discrepancias son enormes. Si consideramos un hogar de 4 personas, y el desperdicio por semana, los datos oscilan entre 1,54 kg (ARC, 2012) y 6,77 kg (García-Herrero et al., 2018), un 440 % más.

El trabajo de García-Herrero et al. (2018) aporta datos muy interesantes. Por ejemplo, analizan qué parte de las PDA serían eliminables, y aplican los siguientes coeficientes: 8 % y 12 % para producción agrícola y para la etapa de distribución, respectivamente, 43 % y 58 % para las etapas de procesado y para postcosecha-almacenamiento; y un 89 % para la etapa de consumo, tanto en hogares como en servicios de comida. Así en la figura siguiente se puede apreciar qué cantidades de PDA serían eliminables o no eliminables a juicio de los autores. Se comprueba que el 65 % (4,4 millones de toneladas) de las PDA eliminables se situan en la fase de consumo, un 51 % en los hogares y un 14 % en los servicios de comida.

Los autores hacen un análisis por categorías de productos. En masa las categorías más importantes son las hortalizas, frutas y cereales con valores per capita que rondan los 60 kg cada una en el conjunto de la cadena alimentaria. Le siguen la carne y productos cárnicos con alrededor de 20 kg.

En términos económicos, los autores calculan que cada ciudadano español perdería cada año alrededor de 180 euros, y que podría salvar un 76 % del mismo. La categoría de alimentos que más destaca en cuanto al coste económico es sin duda la de carne y productos cárnicos.

Referencias:

 

 

 

Pérdidas y desperdicio en la UE (nueva comparativa de datos)

En dos entradas de octubre de 2017 se hacía una panorámica de los datos disponibles con respecto a la cuantificación de las pérdidas y desperdicio de alimentos (PDA) en toda la cadena alimentaria y en la etapa de consumo en Europa y en España. En esta entrada y en la siguiente se toman esos mismos datos y se añaden otros nuevos.  En esta entrada se analizan datos relativos a la UE y en la siguente sobre España.

Los datos de “Consumo hogar” de FAO 2011, Bräutigam y Kemna son de “Consumo total” (incluyen “Consumo servicios”). Los datos de FUSIONS 2016 (UE-28)* son los correspondientes a la parte comestible de los residuos alimentarios totales, calculados aplicando los coeficientes señalados en el propio informe: 50 % para producción primaria y procesmamiento, 83 % en distribución, 60 % en hogares y 59 % en restauración y catering. Los valores de porcentaje de color azul entre paréntesis se corresponden con la estimación de las PDA/residuos alimentarios respecto al total de alimentos producidos para consumo humano

En la figura anterior aparecen los kg de PDA (y/o residuos alimentarios) per capita en Europa de acuerdo a 6 referencias distintas, las 3 ya señaladas en la entrada anterior (FAO 2011, Monier et al., 2010 y FUSIONS 2016) y otras 3 no citadas previamente (Bräutigam et al., 2014; Kemna et al., 2017; y Caldeira et al., 2019). Las referencias y sus enlaces aparecen al final de la entrada.

  • Cuatro estudios sitúan las PDA per capita totales por encima de 250 kg, mientras que otros dos las rebajan por debajo de 180 kg.
  • Bräutigam et al. (2014) emplea exactamente la metodología empleada en la FAO, pero se circunscribe al ámbito de la UE-27, y además hace un análisis país por país, incluido España, como se verá en la entrada siguiente. En la figura se observa que el resultado es muy similar al obtenido en la FAO. Ambos estudios dan un peso imporante a las PDA en el sector primario que en el resto de estudios, o bien no se analizan (Monier et al., 2010), o son mucho menores. El trabajo de Caldeira et al. (2019) estaría en un valor intermedio.
  • Kemna et al. (2017) y Caldeira et al. (2019) abordan la cuantificación con metodologías parecidas con algunas modificaciones. En ambas, al igual que en los estudios de FUSIONS y Monier la etapa de procesado incluye la etapa de post-cosecha, considerara por separado en los estudios de la FAO y Bräutigam. Ambos estudios identifican unas PDA en la etapa de procesado similares a Monier et al. (2010) que prácticamente duplican las de FUSIONS 2016.
  • En todos los estudios, como siempre, la distribución es la etapa que mejor parada sale, con la excepción quizá del estudio de Kemna et al. (2017) que le otorga un valor similar al de la etapa de producción primaria.

En la figura siguiente se pueden ver las imporantes diferencias existentes en la distribución de las PDA/residuos alimentarios a lo largo de la cadena alimentaria en tres estudios.

  • Las discrepancias tienen que ver sobretodo con la etapa de producción primaria, que oscila entre un 10 % y un 36 %. Si consideramos post-cosecha dentro de procesado se observa que el porcentaje es más homogéneo en las tres referencias, entre el 19 % y el 24 %. La distribución supone un 5-7 % del total.
  • La etapa de consumo es la etapa donde se concentran la mayor proporción de las PDA en prácticamente todos los estudios, aunque también se aprecian diferencias notables entre unos y otros, con porcentajes entre el 34 % (FAO 2011) y 65 % (FUSIONS 2016, si sumamos el consumo en hogares y en servicios de comida).

En la figura siguiente se aprecian con más detalle las PDA (kg per capita) en la etapa de consumo. Los nuevos estudios incorporados a esta comparativa aportan valores similares a los de FUSIONS 2016, aunque Kemna et al. 2017 elevan muchísimo la cifra, hasta 168 kg, prácticamente lo mismo que FUSIONS 2016 y Monier et al. 2010 para toda la cadena alimentaria.

Combiene recordar en este punto algo ya señalado en la entrada realizada en 2017, que estos dos estudios realizados a nivel europeo dan una cifra global de residuos alimentarios en consumo aparentemente cercana al valor dado por la FAO. No obstante este último en principio es una estimación de las pérdidas de alimentos comestibles, y no tiene en cuenta la fracción no comestible, cosa que sí hacen los estudios europeos. Considerando esto, se concluye que el estudio de la FAO aporta un valor claramente más elevado que los europeos. De hecho, si consideramos la estimación que hace el estudio FUSIONS de la fracción comestible de los residuos alimentarios se obtiene un valor de 68 kg per capita (55 kg en hogares), unas 3/4 partes del valor obtenido en la FAO.

Algo parecido se podría decir del estudio de Caldeira et al. (2919) que emplea la definición FUSIONS de “food waste”. Vamos a detenernos un poco a describir este trabajo porque es particularmente interesante. Evalúan los residuos alimentarios (definición FUSIONS) generados en la UE en el año 2011, globalmente y por distintas categorías de productos. Completan el mapa estimando los flujos de productos y también de subproductos (empleados por ejemplo para alimentación animal). Su fuente de datos principal son las hojas de balance de alimentos de la FAO, estadísticas de comercio también de la FAO, datos EUROSTAT sobre producción y comercio de productos manufacturados (datos Prodcom). Los autores emplean como herramienta de cálculo el Análisis de Flujos de Masa, en base a balances de materia que combinan los datos recogidos en las fuentes citadas junto con factores de conversion y coeficientes de diferente naturaleza registrados en publicaciones previas, en particular, en el trabajo comentado en la entrada anterior a esta (Xue et. al. 2017).

Algunas cifras y consideraciones extraídas del trabajo:

  • Sumando la producción agrícola y ganadera y las importaciones, y restando las exportaciones, y los productos y subproductos redigiridos alimentación animal y a otros usos, así como los residuos alimentarios generados en las etapas previas al consumo, en la UE los consumidores dispondrían para consumir 365 millones de toneladas de alimentos, que serían consumidos en un 84 % (306 millones). El 14 % serían residuos alimentarios (50 millones de t desde los hogares, 10 desde los servicios de comida).
  • En todas las etapas previas al consumo se generan 69 millones de t de residuos: 31, 32 y 7 millones desde producción primaria, procesado y distribución, respectivamente. El total en toda la cadena suma por lo tanto 129 millones de t (257 kg per capita), que según su cálculos representaría alrededor del 20 % de la producción disponible de alimentos.
  • La distribución por categorías por productos se ve en la siguiente figura. Cerca del 60 % del total son residos de frutas y hortalizas, seguidos de los sectores de cereales, carne y oleaginosas.
  • Las cantidades de residuos alimentarios de las distintas categorías suponen un porcentaje variable con respecto a la cantidad de alimento de cada categoría disponible: desde un escaso 5 % en el caso del sector lácteo, hasta un 41-46 % para frutas y hortalizas, pasando por un 36 % para oleaginosas, y un 20-23 % oara cereales, patatas y carne.
  • Un aspecto interesante del trabajo es la estimación de la cantidad de subproductos generados en la cadena alimentaria que son redirigidos a alimentación animal. Nada menos que 105 millones de t procedentes en su mayor parte (72 millones) del sector de la industria alimentaria (con gran contribución del procesado de cereales, extracción de aceites vegetales, suero lácteo, procesado de frutas y hortalizas). Los autores señalan que esta estimación se basa fundamentalmente en la opinión de expertos recogida en el trabajo de Kemna et al. (2017), y que puede no ser totalmente representativa de la realidad de la UE.

En definitiva, este trabajo parece una buena aportación en la estimación de los PDA/residuos alimentarios generados en el ámbito europeo. No obstante la comparativa de datos sigue mostrando que todavía hay muchas incertidumbres al respecto.

Referencias: