Hoy en El País aparece un reportaje extenso sobre las pérdidas y desperdicio de alimentos en España, centrado principalmente en el sector de la gran distribución.

Hoy en El País aparece un reportaje extenso sobre las pérdidas y desperdicio de alimentos en España, centrado principalmente en el sector de la gran distribución.

FUSIONS es el acrónimo de Food Use for Social Innovation by Optimising Waste Prevention Strategies, un proyecto de la UE para los años 2012-2016, en el que participan 21 socios de 13 países, incluyendo universidades, institutos de investigación, asociaciones de consumidores y empresas. Además cuenta con la colaboración de más de 200 organizaciones europeas.
El proyecto persigue contribuir a :
En las líneas anteriores el término «food waste» podría traducirse por «residuos alimentarios» o por «desperdicio de alimentos». Cualquiera de los dos términos encajaría sin problemas. Veamos entonces… ¿qué entiende FUSIONS por food waste?.
En julio de 2014 publicó un documento (FUSIONS Definitional Framework for Food Waste) en el que daba la siguiente definición:
“Food waste is any food, and inedible parts of food, removed from the food supply chain to be recovered or disposed (including composed, crops ploughed in/not harvested, anaerobic digestion, bio-energy production, co-generation, incineration, disposal to sewer, landfill or discarded to sea)”
Es decir,
«Residuo alimentario es cualquier alimento, y partes no comestibles de alimento, separado de la cadena de suministro de alimentos para ser recuperado o desechado (incluyendo el compostaje, las producciones no cosechadas, la digestión anaerobia, la producción de bio-energía, la co-generación, la incineración, y el vertido por alcantarillado, en vertedero o al mar)»
Para entender mejor la definición conviene describir el marco técnico que establece FUSIONS en relación a los flujos de recursos en el sistema agroalimentario (ver siguiente figura).

En FUSIONS se tienen en cuenta todos los materiales alimentarios retirados en las distintas etapas de la cadena alimentaria, tanto las partes comestibles (lo que se correspondería con las pérdidas y desperdicio de la FAO) como las no comestibles (las «non food parts» que no entraban dentro de la definción de pérdidas y desperdicio de la FAO).
Un aspecto interesante de la propuesta de FUSIONS es que no considera todos estos materiales como residuos, sino que su calificación depende de su destino, distinguiendo dos grupos:
¿Hasta que punto son coherentes estas definiciones y este marco técnico con las definiciones de residuo biodegradables y bioresiduos y los procedimientos de gestión de residuos descritos en la normativa europea?
Y para terminar, indicar que en una entrada posterior se habla del concepto de Residuo alimentario (food waste) finalmente adoptado en la última revisión de la Directiva europea de residuos (Directiva 2018/851) y se compara con la definición FUSIONS y con otros marcos de definiciones.
El pasado día de Navidad en El País se incluyó un pequeño reportaje que vuelve a tratar el tema de las pérdidas de alimentos en España, a lo largo de la cadena alimentaria, incidiendo más en el eslabón de la distribución y venta. Señala que lo que predomina es la ausencia de datos precisos sobre cómo gestionan las cadenas de distribución los alimentos que no se venden.
Otras entradas previas sobre el tema: 27/10/2015 y 22/05/2015
En algunas entradas anteriores (Columna «la era de la carne», El mayor problema del consumo de carne es medioambiental, documental «Cowspiracy») se ha tratado la cuestión de las implicaciones medioambientales derivadas de la necesidad de hacer frente al elevado consumo en occidente y la creciente demanda en países emergentes y en desarrollo de los productos de origen animal (carne, leche, huevos, etc).
En este es artículo publicado por El país en 2014 (¿Y si dejáramos de comer carne?) se trata el tema y se indroducen otras consideraciones importantes en contra de la aseveración radical de eliminar la producción y consumo de carne.
El tema, como casi siempre, es complejo.
En el siguiente documento se pretende realizar una estimación de los residuos/subproductos generados en la industria alimentaria española, con datos de los años 2009 a 2013, y comparar los datos obtenidos con los publicados en AWARENET en 2004, correspondientes a finales del siglo XX.
El estudio se ciñe al eslabón de la cadena alimentaria correspondiente al procesado de alimentos, a la industria alimentaria. Los datos aquí representados se corresponden con las cantidades de materiales que se generan en los procesos de obtención industrial de productos alimentarios, durante el procesado de las materias primas. Son estimaciones de las partes de las materias primas que no van a formar parte del producto final. Estas partes después podrán ser consideradas bien residuos, bien subproductos, según su destino.
La metodología seguida para realizar las estimaciones es similar a la descrita en la siguiente referencia:
AWARENET (2004). Handbook for the prevention and minimisation of waste and valorisation of by-products in European agro-food Industries. Depósito legal: BI-223-04.
Esta publicación fue el resultado de un proyecto financiado por la UE (Proyecto nº GRD1-CT2000-28033), de nombre “Agro-Food Wastes Minimisation and Reduction Network – AWARENET”. En el proyecto participaron diferentes entidades y empresas europeas. La coordinación fue a cargo del Centro Tecnológico Gaiker (www.gaiker.es), situado en Vizcaya.
Este documento aparece citado en numerosos documentos relacionados con la generación y gestión de residuos alimentarios en la Unión Europea.
http://issuu.com/arozarena/docs/residuos_y_subproductos_ia?e=16973517/31622300
Continuando con el análisis iniciado en la entrada anterior, en la siguiente figura se puede comparar cómo se gestionan los residuos municipales en diferentes países europeos y dónde queda colocada España al respecto. La figura representa la proporción de residuos (de todo tipo, biodegradables y no biodegradables) sometida a eliminación (diferenciando vertido e incineración) y a algún tipo de reciclado (reciclado de envases, recuperación de materiales, cartón y papel,…,, incluyendo también los tratamientos biológicos de los residuos biodegradables).
España se sitúa por debajo de la media (UE-27) en reciclado e incineración, y muy por encima en vertido. Se observa que en determinados países del norte de Europa el vertido de residuos municipales prácticamente ha desaparecido, gracias a un incremento muy importante de las operaciones de reciclado, y también de la apuesta por la incineración.
La Directiva 1999/31/CE (transpuesta en España a través del Real Decreto 1481/2001 por la que se regula la eliminación de residuos en depósito de vertedero) es la norma europea de referencia con respecto al vertido de residuos. En esta directiva se estableció como objetivo para los países de la UE la reducción del vertido de residuos municipales biodegradables (RMB) para el año 2016 a niveles del 35 % de los RMB generados en el año 1995. Se establecieron una serie de objetivos intermedios (75 % en el 2006, 50 % en el 2009).
En 2006 en España se logró alcanzar un valor del 65 %, cumpliendo el nivel de reducción perseguido, pero no ocurrió lo mismo con el objetivo de 2009. El objetivo marcado por el Programa Estatal de Prevención de Residuos 2014-2020 para el año 2016 es vertir un máximo de 4.176.950 toneladas, que se corresponde con el 35 % de los residuos biodegradables municipales generados en 1995.
No es sencillo encontrar datos oficiales en relación a cómo está la situación al respecto en España. En la «Jornada de residuos, los nuevos retos de la Gestión de Residuos de competencia municipal«, celebrada en el año 2014, la Directora General de Calidad y Evaluación Ambiental y Medio Natural del MAGRAMA, en su presentación «La gestión de residuos en España» señala que en el año 2012 el porcentaje alcanzado fue del 47 %. Es decir, que ese año se vertieron alrededor de 5,6 millones de t de residuos municipales biodegradables, exactamente 5.632.390 t, tal y como apareció posteriormente en el Plan Estatal Marco de Gesión de Residuos PEMAR 2016-2020, aprobado en noviembre de 2015. Este valor que tendría que ser rebajado en más de 1,4 millones de t para cumplir el objetivo fijado para el 2016.